viernes, 2 de abril de 2010
miércoles, 6 de mayo de 2009
Tomamos el metro, combinamos con el bus local, caminamos un par de cuadras, llegamos a destino medio a tropezones y nos instalamos cual gallina clueca que empolla. Prestamos atención, nos concentramos, opinamos y omitimos ideas subversivas y contrarias a lo discursado e impuesto. Cuchicheamos con el del lado y esbozamos sonrisas, controlando a veces una carcajada, y de vez en cuando, así, sin licencia, nos escapamos al baño a tomar agua para saciar una sed inexistente o vamos al casino a comprarnos un lo-primero-que-vea sólo por inercia. En los cinco minutos de descanso permitido, que siempre alargamos al doble o al triple, compartimos nuestro tedio y preguntamos a medio mundo cómo está sin una verdadera intención, por nada más que cortesía. Volvemos riendo y cantando a nuestro deber y nos instalamos otra vez. Agregamos ahora un nuevo matiz: miramos la hora a lo menos una vez por acomodamiento de silla. Llegada la hora de partida, nos disponemos a buscar compañero de viaje, y mejor si no lo encontramos porque tenemos en mira una improvisada siesta en el bus. Abordamos el metro nuevamente y nos vamos pensando en el seminario y en la solemne, en las ayudantías y en la inmortalidad del cangrejo. Llegamos a casa, estudiamos, vagueamos por Internet, nos acostamos y programamos la alarma del despertador. En la mañana partimos a tomar el metro, combinamos con el bus local, caminamos un par de cuadras, llegamos a destino medio a tropezones y nos instalamos cual gallina clueca que empolla.
martes, 24 de febrero de 2009
jueves, 8 de enero de 2009
Evidencia la eminencia en sesión previa, continúa
Diligencia necesaria para consumar la acción
domingo, 19 de octubre de 2008
Y hay mucho de lo que me arrepiento
Pero sigo aprendiendo
Yo nunca quise hacerte eso a ti
Por eso antes de ir debo decir
Sólo quiero que sepas
Ya sé qué me hace vivir
Lo que me hará cambiar
Lo que me hace recomenzar
Yo sé que eso eres tú
Sé, nunca quise herirte
Pero la culpa sigue aquí en mí
Y todo el daño que causé
Quisiera alejar por fin de ti
Y volver a ser quien llenó tu mar
Sólo te quiero tener
Ya sé qué me hace vivir
Lo que me hará cambiar
Lo que me hace recomenzar
Yo sé que eso eres tú
Dame la opción de mostrar
El lado humano de mí
Al que algo falta por llegar
Y yo sé que eso eres tú
miércoles, 8 de octubre de 2008
Despojo que cada cierto tiempo invento para probar una vez más lo que tanto me acongoja: tu recuerdo es el que permanente está en mi adolorido corazón, el mismo que ha sobrellevado tanta injusticia y tanta indolencia, pero al que nunca entrené para combatir el desamor. Ese desamor que quizás no lo es del todo, ese que nadie me explica ni a nadie puedo detallar, el que me hace callar y retraerme y permitir que persista en esta constante pérdida del entendimiento, la razón y la cordura. Nunca antes lo experimenté y tal vez sea eso lo que me hizo falta para cimentar una trinchera sólida e impenetrable, inmune a cualquier ataque tan fuerte y desolador como éste.
Te agradezco mejor amigo por ser mi fiel lector, porque a pesar de no darme consejos, no dedicarme siquiera una palabra de aliento y de quedarte impávido cada vez que reacciono barriendo con todo cuando me hallo sin escapatoria, eres el que siempre está ahí cuando lo requiero, el que no conoce negativas, el que hasta permite ser regado por los chorros que caen de mis ojos las veces que no resisto a más y me veo obligado a estrujar mis emociones en una de tus planas.
Tú lo sabes todo, sí, todo de mí. Contigo no tengo filtro ni existen limitaciones. Te repleto de palabras, en cualquier idioma, con manuscrita o imprenta, en cursiva o negrita, pasando por loas y sátiras, rebosantes de insultos y halagos, con amor y despecho, y, cabeza gacha, siempre consientes las demandas de mi estado. Gracias por ser mi confidente.
Si hablaras y sintieras, seguro es que día por medio me mandarías bien lejos, allá donde mismo he mandado a medio mundo y tú has sido testigo, o, tal vez, hubieras buscado por todas las sendas viables el modo de deshacerte de mí, como muchos ya lo han hecho. Sé que también me enrostrarías que la devoción por ti sólo me viene simultánea a esas ganas de dejar que todo a mi alrededor siga su curso y de yo hacerme a un lado y despojarme de toda preocupación vana que enlode mi real sentir; sí, ese despojo que cada cierto tiempo invento para probar una vez más lo que tanto me acongoja.
Apostaría mi exigua fortuna a que estás pensando en mí, y estoy seguro que ganaría, doblaría y cuadruplicaría la jugada. Lo más probable es que estés llenando de bocetos tu cuaderno con escritos que te inspiro a redactar, como yo lo hago con el mío cada vez que el día me fomenta la retórica y mi reproductor de música toca esa importuna balada que cuenta nuestra historia.
Te extraño tanto como tú a mí, y también de vez en cuando un par de lágrimas recorre mi mejilla al ver por nonagésima nona vez las imágenes que capturaron esos mágicos momentos vividos y que me recuerdan que ya no hay ocasión para repetirlos.
Trato de articular discursos que te expliquen con claridad lo que siempre quisiste entender, y cuando ya por fin me siento preparado a declamártelos, te veo y tu mirada cobarde, esa que siempre prefiere desviarse al suelo cada vez que se cruza con la mía, me dice que es demasiado tarde.
Hay veces en las que me gustaría empezar desde cero e impedir a toda costa que te aparezcas en mi existencia, para así librarme de todo este tiempo de angustia y de esa incesante aparición de tu imagen en mi retina. Hay otras, por el contrario, en las que deseo volver a ser quien conquistó tu circunspección, caló profundo en tus sentimientos y te hizo sentir como nunca nadie lo hará, y sé que es con la misma intensidad que tú también lo anhelas.
No sé cómo lo haces para multiplicarte y aparecerte hasta en mis inexistentes vivencias. Quisiera saber qué tiene tu pH que hace que huela tu aroma a kilómetros de distancia. No sé qué me hiciste, no sé con qué conjuro me hechizaste y te convertiste en este mal que tanta falta me hace. Lo único que sé es que te necesito con ansias, con esas mismas ansias de pensarnos que me vendrán esta noche en el preludio de mi letargo, cuando me embelese a ojos cerrados y me dé por vencido ante tu recuerdo, que al parecer confabuló con otro maldito ser angélico para no irse de mí.
martes, 22 de julio de 2008
Transpórtate a otro planeta, a uno de ilusiones y de quimeras inquebrantables.
Cuando llegues, aléjate lo que más puedas de tu consuetudinaria usanza.
Corre desaforado intentando cometer la mayor cantidad de fechorías.
Siéntete libre y no pienses jamás en tu querencia, que lejos está de añorarte.
Disfruta la inefable sensación de absoluta emancipación y grita de alborozo.
No llegues a dormir a casa, pernocta bajo un puente y siente el frío calar en tus entrañas.
Déjate llevar por tu intrínseca locura y olvídate de tus principios cristianos.
Degüella cabras, come tierra y camina con los pies en el aire.
Ponte zapatos naranjos y viste harapos y ponte serio para decir que es tu tenida formal.
Pon tu disco favorito en la casetera del vinilo y canta el primer tema en do mayor.
Descansa en el ropero empotrado y aprovecha de dejar el despertador en la chimenea.
Toma un tren que te deje en el Vaticano y ayúdalos a predicar las enseñanzas luteranas.
Sé gobernador de tu propia región, impón tus ideales marxistas y exige devoción.
Deléitate en tus errores y espera a que los inocentes y sin culpa se excusen.
Apresa a lisiados, madres solteras y sodomitas y concédele libertad perpetua a pederastas.
Reparte desdén y sé presuntuoso y altanero al tratar con los pobres y desamparados.
Goza con el dolor ajeno y enternécete sólo con tu belleza.
Sólo haz un chasquido con el pulgar y el anular y ve cómo todos a tu alrededor se derrumban.
También, deja que la afectividad se apodere de ti y regálate los mejores momentos.
Siéntate a ver a tus más profundos anhelos cumplirse con vehemencia.
Mira hacia el fondo del pasaje y reconoce sus rostros y sonrisas.
Créelo, son ellos, los de entonces, que ahora están de vuelta contigo.
Ve, abrázala, y, sin soltarla, cuéntale lo tanto que la extrañaste.
Concíbelo y emociónate hasta las lágrimas, dejándolas que corran hasta empapar tu sitio...
Ya comienzas a echar de menos y reconfortado crees que es tiempo de volver.
Estás seguro de que el ánimo para batallar contra tus adversidades ha vuelto a ti.
Sigues extasiado y codificas tu vida ideal en menos de lo que dura un suspiro de angustia.
Empiezas a avergonzarte de uno de tus cuadros lujuriosos y no logras arrepentirte de tus tiranías.
Te regocija acordarte de las dichas vividas y guardas la esperanza de repetirlas.
Crees que te encantaría regresar… cierras los ojos y lo haces de nuevo.
lunes, 26 de mayo de 2008
En dos segundos y medio ya estaba con una pierna metida en el pantalón azul, pero se acordó que había pensado en el cuadrillé para ese día, así que lo buscó entre el colgador de los pantalones formales y se lo puso. La camisa blanca con diseño de rombos era la ideal para combinarla con el pantalón que llevaba puesto. Se abrochó el penúltimo botón de la camisa y se acordó que no era la que tenía en mente para el pantalón cuadrillé; era la celeste que le había regalado la mamá para su anterior cumpleaños. En el minuto había hecho memoria y ahora repasaba en su mente la tenida completa planeada para ese lunes: pantalón cuadrillé, camisa celeste, chaqueta negra con el cierre de doble faz, zapatos negros y la bufanda que hacía juego con el pantalón para capear el frío mañanero. Perfecto.
Le mandó saludos con la peineta a la cocina y se disculpó con ella por no ocuparla para hacerse un desayuno digno de un nutricionista. Mientras pensaba en dónde
había dejado el maletín, le prometía nuevamente que en la semana comenzaría con el plan dietético que se había exigido. El refrigerador y la cafetera llevaban ya casi un mes escuchando el mismo discurso. Sacó un yogur, agarró el maletín que recién había encontrado y partió hecho bala.La puerta de entrada se despidió de él y le encaró lo indeciso que era, porque finalmente salió con el pantalón azul, la camisa con diseño de rombos y la chaqueta impermeable porque creía haber escuchado el anuncio de lluvia para mediodía. El otro ropaje después de puesto no lo convenció.
La vecina de al lado no estaba barriendo y con eso se ahorraba bastante tiempo, porque siempre se ponía a conversarle como si de su perpetuo tiempo libre dependiera él también. El vecino de la esquina compraba todos los días sagradamente el diario en el quiosco de enfrente a la hora en que pasaba por ahí, así que a él sí lo encontró. Al señor le extrañó su apuro en un día de descanso para la mayoría: era domingo. Diablos, sí era domingo, la rutina y el estrés le habían pasado la cuenta y ésta se convertía en la segunda vez que pasaba por ese papelón. Reprochándose se fue vuelta a casa. Ahora más calmado tardó el doble de tiempo en hacer el mismo recorrido.
Entró, tiró el maletín y pasó directo a su dormitorio. Se sacó el pantalón azul y se metió a la cama con la camisa blanca puesta, hacía frío. Se durmió en menos de cinco minutos.
Cuando despertó, su amado estaba esperándolo con el desayuno listo. Le contó que había soñado que hacía el ridículo yendo a trabajar un domingo y le recordó lo tanto que lo amaba.
Pero cuando se acordó que en realidad no tenía ningún novio, que no trabajaba, que era viernes y no domingo, que era imposible que hayan pronosticado lluvia porque era pleno verano, que era alérgico a los lácteos, que en la esquina no había ningún quiosco, que nunca había tenido un par de zapatos negros, que no usaba maletín sino mochila y que hasta en los sueños las puertas y los electrodomésticos de su casa le hablaban, se puso a pensar en que no le haría nada de mal tomar una hora en salud mental. Levantó el teléfono y pidió una cita con el traumatólogo para el treinta de febrero.
domingo, 6 de abril de 2008
El mismo rincón asaltado del corazón que acabó por ceder su protección a lo mismo, salvaguardándolo y dejando a un lado lo antagónico del efecto. La misma necesidad de despojarse ya y a la vez de retardar la despedida, teniendo los mismos deseos de caricias desconocidas, momentos irreemplazables y palabras melosas. El mismo dolor que provocan la distancia y la presencia con la misma incertidumbre en la afinidad. Iguales sentimientos e idéntica sensación perdida en las marañas del entendimiento. El mismo final inconcluso y las mismas pasiones frustradas que infatúan a un mismo ser desdoblado en dos sujetos.
sábado, 15 de marzo de 2008
Es entendible que no quiera darse a conocer, sé que es difícil, pero va a tener que dignarse pronto a salir a la luz, es lo que todos esperamos. Eso es cierto, al menos yo, estoy cansado de apañarla en todas sus fingidas jugadas. A mí me pasa lo mismo, estoy harto de tener que aguantarle que ande falseando por la vida como si nada. Yo a veces trato de comprenderla, porque sé que a ella también le angustia esto, para nadie es grato andar escondiéndose cual delincuente prófugo de la justicia. Sí, pero eso se soluciona dando la cara y enfrentando lo que venga, si tampoco es tan terrible lo que oculta bajo el atuendo ese tan cómico que lleva. Claro, yo he tratado en todos los tonos de decirle que eso que tanto la acongoja y avergüenza es lo mejor del mundo, y que está lejos de ser un crimen o una fechoría digna de tener en hide mode. No sé, a mí me cuesta comprarle el cuento de afligida, si todos sabemos cómo llamar la atención, y ella es experta en eso. No seas así, no podemos juzgarla así tan a la ligera, sus motivos debe tener. Yo creo que esta discusión no da para más, además hace oídos sordos a cualquiera que trate de aconsejarla, y en lo único que tenemos común acuerdo es en que es ella, es ella la verdad que desmorona todo. Es esa la verdad que miente descaradamente frente a ellos y oculta su identidad sin remordimiento alguno, y que daña sin escrúpulos a él, a él y a todos.
domingo, 9 de marzo de 2008
Me despertó el ladrido de las perras que hacen escándalo cada vez que viene el cartero. Traté de seguir durmiendo para reanudar el hilo del sueño como siempre lo hago, pero no pude y me quedé con las ganas de saber cómo continuaba la historia.
lunes, 3 de marzo de 2008
Y miró nuevamente por la rendija que el pasar del tiempo había provocado en la ventana empernada. Todo parecía alucinante: siluetas de elefantes perfectamente delineadas en la acera de enfrente, infantes arrancando del bufón dendriforme que los perseguía hasta el apagado bosque del sector de la foresta y madonas esposadas escupiendo a los oficiales que las imputaban en el carro policial.Cambió de dirección su mirada y por dos segundos su mente quedó en blanco. Lucidez recobrada. Pensó en lo que siempre pensaba cada vez que podía: en lo feliz que estaría Lucía al saber de él y en lo que juntos se podrían proyectar cuando esa desesperante espera acabara. A humillaciones y mortificaciones ya era inmune; nada le importaba si ella llegaba.
De pronto se acordó de lo entretenida que estaba la vista del mundo exterior y miró una vez más por la abertura. Ahora veía a mancos y cojos danzando en el carnaval, al que tenía intenciones de ir, pero al que sin invitación sería una grosería llegar. Lo alegró la visita del ratón del desaguadero que le dijo que nadie le reprocharía el aparecer sin ser convidado. Feliz, partió.
Locura en boga, realidad insufrible.
miércoles, 13 de febrero de 2008
Para mí, el amor es lo más importante. Soy muy romántico, un asombroso besador, y cuando estoy emparejado entrego todo y siempre cuido a la persona que está conmigo. Dicen que soy único, que nunca conocerás a alguien igual. Soy un eterno creativo, extremadamente suertudo, espontáneo y orgulloso de mí mismo. Soy intuitivo y muy cauteloso cuando hace falta. Soy emocional, cariñoso y simpático. Tengo muchas historias que contar, conmigo no te aburres. Soy alguien en quien debes aferrarte, pues por mi gran capacidad imaginativa, sé identificarme con la situación ajena. Desde afuera parezco decidido, resistente, terco, tenaz, enérgico y sabio, pero si me conoces desde la intimidad te das cuenta de que soy totalmente distinto: sensible por sobre todo y leal a las personas que quiero. Me encanta ser extrovertido, pero tengo tendencia a retraerme.No ando peleando por la vida, pero puedo llegar a ser lo peor si me provocas. A veces soy caprichoso y maniático. No me gusta que me lleven la contraria y odio que me digan qué debo hacer. No tomo en cuenta consejos, aunque si vienen de alguien que estimo, lo agradezco. Me siento aludido con frecuencia (y muchas veces por causas imaginadas sin fundamento real) y me gustan demasiado los halagos de los demás. Puedo cambiar sin dificultad de ambiente, lealtades e incluso mi opinión sobre las personas. No odio, pero si no te amo, no me vas ni me vienes.
Así me describen los astros, y parece que están bien cerca de mi realidad. ¿Es tan así? ¿Qué dices tú?
miércoles, 6 de febrero de 2008
Entiendo perfectamente a la septuagenaria veterana que esperanzada está pensando en que algún día aparecerá un héroe que la librará del luctuoso asilo, cegada en la idea de que un cambio como ese en su vida podría ser el fin de su adentrada infelicidad. Entiendo también a toda esa gente que está en cola esperando por un riñón o un hígado que al ser transplantado sea el punto ganador que paralice el juego que apuesta por su vida… ¡imagínate la alegría de los padres del niño de literal mal corazón al enterarse que su espera terminó y que tienen al fin la seguridad de poder proyectarse indefinidamente con él! Comprendo muy bien a los que tienen conciencia de los vuelcos que tendrá su existencia y están ansiosos, por ejemplo, por comenzar sus estudios superiores, por empezar a tomarle el gusto a lo que deparará su futuro.
Los entiendo, sí, los entiendo cabalmente, pues creo que he vivido ya varios de esos cambios, unos más grandes e inesperados y otros menos relevantes pero pensados previamente. Ahora estoy en transición, pasando de desesperanza a algo que ni siquiera sé qué nombre tendrá, pero que por supuesto será mejor. No lo esperaba, es un giro totalmente sorpresivo, pero me encanta.
miércoles, 16 de enero de 2008
Imagínate por un segundo siendo un pez, un pez de esos caseros que sólo invierten su tiempo en aletear abarcando espacio en su pecera (estarías redimido de las abrumantes ocasiones en que obligadamente disponen de tu afamado amigo descanso), de esos a los que sólo puede estragar su vital compañera agua (así te librarías de cualquier mala intención, rabia, agobio, problema o secuencia calamitosa de tu vida que pudiera infamemente corromperte), de esos que enajenados quedan solamente al ver revoloteando en su casa de cuatro paredes transparentes uno que otro puntito que los pueda saciar al embuchárselos por el tragadero (ya nada te asombraría, o mejor, no esperarías más eso que quieres que te sorprenda, sobrevivirías sólo con el éxtasis que degustar te provocaría y, de pasada, vivirías desinhibidamente, con preocupación cero por el qué dirán, pues todos ya habrían visto lo que haces), de esos peces que únicamente se abrigan con la intemperie (no vivirías pendiente de no hacer el ridículo con lo que te pones y no perderías esos preciados momentos que cuando estás con retraso se van eligiendo los harapos mejor avenidos que finalmente nadie te mira), de esos que su memoria no aguanta más de diez minutos reteniendo parajes, estadías y compasiones (“rencores, envidias, sabotajes, boicots, sinsabores y desprecios, ¿qué es eso?”, eso dirías, y perdones y olvidos serían los que te inundarían), de esos que por tempestad y aguacero no se preocupan (no sentirías calor ni frío, no habría necesidad de cambiar atuendo de acuerdo a la estación, y tu depósito de basura se repletaría con paraguas y sombrillas), de esos a los que si osas tocarle una escama o un aleta, no les impulsa a nada más que a acelerar (no te ocuparías más en satisfacer carnalmente a nadie ni te interesaría ser complacido, así no profanarías más tu aposento con revuelcos, y te importaría un ajo si te comportas o se comporta como alguien de hiel, de miel o de piel), de esos que…¡Se cortó la luz!
No me hagas caso y mejor sigue siendo el ente que eres, porque por lo menos tú en las tinieblas sobrevives.
domingo, 6 de enero de 2008
(Todo oculto en mi desenfrenado júbilo sigue, igual que siempre. Vagando por los laberintos del pensar que carecen de final y sin propósito están, mis emociones y mis anheladas, mas irrealizables, vivencias, se hacen presentes.)
¡Eureka! Lo sé:
Mísera e infeliz,
Maldita e intrascendente.
Mierda de vida.
lunes, 31 de diciembre de 2007
Mientras manejaba, se acordaba de los maravillosos momentos que en antaño habían disfrutado. Refrescábase su memoria pasando por ella la vez en que juntos se habían revolcado en el césped del parque una tarde completa. Sonreía aunque esos recuerdos le provocaran nostalgia. Recordaba también cuando ella por primera vez le dijo te amo… jamás lo olvidaría. Ella nunca decía esas cosas; ¿vergüenza?, ¿temor? Nunca lo supo, pero a él no le importaba, con su compañía le bastaba. Lamentablemente, ella ya no estaba, trágicamente había dejado de existir. Sólo conservaba recuerdos, la única carta que le escribió en dos años y el peculiar olor de su cuello impregnado en la nariz.Llevó las manos a su cabeza lamentándose por todo lo que pudo hacer y no hizo, tratándose de estúpido, preguntándose por qué ella y no él. Tan involucrado en memorias estaba, que olvidó ceder el paso al camión que perpendicular atravesaba la calle. Perdió el control del volante, y, en poco más de diez minutos, dejó de ser también.
sábado, 22 de diciembre de 2007
A principios de siglo escuchamos por primera vez el neologismo “tribu urbana”. Hasta ese entonces, estas agrupaciones eran conocidas, pero no contaban con la misma popularidad que ahora, y, por lo mismo, tal vez eran tomadas más en serio, pues se consideraba que respetaban estrictamente su filosofía de vida y defendían sólidamente sus ideologías. Sin embargo, hoy, dentro de las tribus urbanas también encontramos personas que usan la estética o el comportamiento de la agrupación, pero olvidando por completo el sistema de pensamiento de la misma. ¿Qué son entonces? ¿Tendencias juveniles de identificación o sólo movimientos temporales en boga?
Estas subculturas originadas y desarrolladas en una ciudad, son grupos de personas (en su mayoría jóvenes y solteras) cuyas asociaciones están basadas en un mismo estilo de vida o actividades. Su formación, generalmente, está cimentada en la influencia que la sociedad provoca en las características personales de los individuos, y a esto mismo se debe que sean más comunes en las grandes urbes, donde la complejidad social y el inmenso tamaño de la ciudad, crean una sensación de alienación o aislamiento del nivel individual. La identidad personal que estas personas tienen, no encaja, según ellos, en la identidad colectiva de un pueblo o territorio, lo que genera una “emancipación de la sociedad” y la formación de un grupo cuyos miembros estén unidos bajo un conjunto de características, pensamientos, modas e intereses comunes para formar una comunidad relativamente pequeña, pero que posea, necesariamente, una identidad propia.
Estas tribus conforman una serie de cultura y arte a su alrededor para el desarrollo de su moral o estilo de vida, y todas ellas vienen marcadas por una profunda carga emocional que se origina en esa búsqueda por la realización personal o comunal.
Los clanes se han ido agrupando alrededor de intereses comunes para poder luchar por su causa desde un blanco mayor, es por eso, que, además de mantener una estética canónica entre los individuos de la misma tendencia, son muy perceptibles sus lidias por convicciones sociopolíticas o creencias religiosas.
¿Pero por qué juntarse en grupos para defender ideas personales? Se busca apoyo, y en los “congéneres”, de cierto modo, se hallan formas de pensar y de sentir idénticos a los propios. El placer de pertenecer a una tribu proviene de la supresión o suspensión de la exigencia a adaptarse, al precio de una tensión síquica penosa, a un universo adulto o social y a sus reglas de pensamiento y conducta.
La agrupación, además, ofrece seguridad y soporte afectivo del que, generalmente, sus miembros carecen, y autoriza actividades que están en los límites de las reglas morales y sociales: el juego, la bebida, la ilimitada licencia erótica, el escándalo en la vía pública, la destrucción de objetos, o el agravio de algunos valores, como los patrióticos o religiosos, y a causa de estos mismos privilegios brindados, aparecen los miembros estéticos y no de ideología, los que, por querer parecer diferentes, intentan identificarse con una tendencia, pero con la que más le acomode en su modo de vestir y no con la que en intereses o en doctrinas les parezca correcto seguir. Es así que dentro de las subculturas aparecen subdivisiones: los que realmente lo son y los que parecen serlo, y es, precisamente esto, lo que causa una mala impresión en la sociedad y es el punto de origen de los prejuicios, los que provocan un automático aislamiento de los mentados clanes.
El común de la gente los clasifica, frecuentemente, con criterios poco flexibles o simplistas, ya que lo que se ve y conoce es lo que aparentan y no, por ejemplo, que una agrupación con una formación sustentada en argumentos sólidos afianza los valores comunes, concede privilegios a la lealtad y la solidaridad de sus miembros, distingue sus roles, y fija objetivos diferentes de la complacencia colectiva en sí misma.
¿Qué hacemos entonces al respecto? ¿Cambiamos el pensamiento social erradicando completamente el prejuicio del mundo o tal vez lo más sensato sea hacer una especie de casting para todo el que quiera pertenecer a una tribu? No nos compliquemos más y seamos todos pokemones, que es la moda.


